Los tiempos en los que se podía dejar a los hijos jugando en la calle, sin temor a que les pasase nada más allá de que llegaran a casa marcados por una mala caída, han quedado atrás. Quizá en las aldeas todavía sea posible ver a grupos de niños dándole al balón en un camino o haciendo comiditas para las muñecas echando mano de piedras y hierbas. Pero esta estampa se queda ya casi exclusivamente para los archivos en blanco y negro o para los álbumes que ya empezaban a coger color de aquellos años de ‘Cuéntame’.





