Me siento bien, me comporto bien

Faber y Mazlish, en su libro Cómo hablar para que los niños escuchen y como escuchar para que los niños hablen aseguran que cuando los niños y las niñas se sienten bien se comportan bien. Sabemos que los seres humanos tendemos a ser menos simpáticos, agradables, amables o comprensivos si estamos cansados, tenemos hambre o nos duele algo. No mostramos nuestra mejor cara cuando estamos tristes, preocupados, nerviosos o desasosegados.

Aprender a estudiar, asignatura pendiente

“Yo suelo suspender”, “se me dan mal los estudios”, “no soy de sobresaliente”… “mi hijo no vale para estudiar”, “no se pone”, “no tiene voluntad”, “le falta base”… Este tipo de expresiones son repetidas a menudo por alumnos y padres de estudiantes que sufren fracaso escolar. Un grave problema que en España afecta a más del 25% de los alumnos y que no sólo tiene consecuencias para su formación y su futuro profesional, sino que empeora las relaciones familiares hasta el punto de convertirse en uno de los principales detonantes de las discusiones en el hogar.